martes, 19 de junio de 2012

Violencia sexual e impunidad en Sololá: herencia de los conflictos

Reportaje | COISOLA (Colectivo de Investigaciones Alternativas Sociales y Laborales)


Guatemala es uno de los países donde las mujeres son más vulnerables. Según una información ofrecida el año pasado por la Procuraduría de Derechos Humanos (PDH) del país, esta nación centroamericana ocupa el segundo nivel mundial en asesinatos de mujeres después de Rusia. En 2009, el Ministerio de Gobernación guatemalteco contabilizó 708 homicidios femeninos, una cifra que multiplica por 12 los casos de muerte por violencia de género registrados en España en ese mismo año (60).

Violencia sexual e impunidad en Sololá: herencia de los conflictosIncluso a pesar del débil trabajo institucional de visibilidad estadística denunciado por los y las expertos/as, los números emergen y alarman en todas las expresiones de violencia contra la mujer.

El jefe de la misión de Médicos sin Fronteras (MSF) en Guatemala, Fabio Forgione, declaraba a la prensa en 2009 que el número de casos de violencia sexual reportados en el país es tan alto como el que se ve normalmente en una situación de conflicto armado. Forgione detalló que el 25% de las víctimas son violadas por sus padres, hermanos, tíos y padrastros y sostuvo que este tipo de violencia “es uno de los asuntos humanitarios más preocupantes en Guatemala”.

La violencia sexual fue precisamente una de las armas empleadas contra la población por el Ejército durante los 36 años de conflicto armado interno que sufrió el país (1960- 1996). Tal y como denunció la Comisión de Esclarecimiento Histórico (CEH), se trató de una práctica planificada, generalizada y sistemática, especialmente dirigida a destruir el tejido social y comunitario de las diversas poblaciones mayas del país.

Sololá es una de las regiones mayoritariamente indígenas del país, y en sus comunidades, aldeas y cantones la violencia de género no solo está normalizada, sino que se encuentra profundamente enraizada en la cultura de sus pueblos. Estudios de antropología de la Universidad Nacional Autónoma de México, y de la Universidad de San Carlos de Guatemala afirman que estas violencias se instauraron en la colonización, y se acentuaron en las comunidades a partir de la incursión de factores sociales como el empobrecimiento, el alcoholismo y el desarraigo de las prácticas culturales ancestrales.

Otro trabajo de investigación, realizado en 2007 por diversas organizaciones como la Asociación Mujeres Mayas MOLOJ, la Defensoría de la Mujer Indígena (DEMI), y la entidad de las Naciones Unidas para la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres (ONU MUJERES), entre otras, señala que el conflicto armado y sus posteriores efectos acentuaron las violencias heredas en todos los ámbitos de la vida cotidiana, y legitimaron la cultura del silencio que rige en todos los grupos sociales: familiares, vecinos, comités locales, iglesias, escuelas, centros de salud…etc.

Violencia sexual e impunidad en Sololá: herencia de los conflictosTodos conocen pero nadie informa. La antropóloga Emma Chiric, estudiosa de la sexualidad en pueblos indígenas, explica que la violencia sexual es considerada algo normal en los hogares, en la pareja, y que, además, se entiende como un aspecto privado en el que nadie puede intervenir, lo que supone un reto enorme para la prevención y disminución de la violencia hacia la mujer.

No solo alarman las cifras de casos de violencia sexual, los índices de impunidad en que quedan estos delitos en Guatemala rondan el 98%. Según el Ministerio Público, durante el 2008 se registraron 2 mil 219 casos de violencia sexual, de los cuales solo 44 concluyeron con una sentencia, el 1,9% del total.  Entre las principales causas que impiden a las víctimas acceder a la justicia se encuentran la falta de seguimiento de las investigaciones relacionadas con los delitos sexuales, la carencia de coordinación entre las instituciones que deben atender a las víctimas, y la insensibilidad de los funcionarios.

En la mayoría de los tribunales se mantienen prejuicios sobre las mujeres como la idea de que “si le ocurrió es que ella lo provocó”, re victimizándolas al responsabilizarlas de la agresión. El Colectivo de Investigaciones Alternativas Sociales y Laborales (COISOLA), que lleva más de cuatro años dando acompañamiento y asesoría jurídica a las mujeres en Sololá, denuncia que jueces y otros operadores de justicia siguen manejando tipificaciones penales anteriores a la reforma legal de 2008 que llevó a la formulación en el país de una nueva Ley de Femicidio y otras Formas de Violencia Contra la Mujer, y que se siguen dejando a un lado circunstancias como el abuso de poder, la manipulación y la coacción psicológica de una menor, en casos de delito sexual.

En múltiples ocasiones, solo las lesiones físicas evidentes son consideradas pruebas eficientes y se obvian las evidencias científicas que demuestran el daño emocional, psicológico, social y económico que producen este tipo de violencia en las mujeres, lo que entra en seria contradicción con diversos instrumentos internacionales de justicia ratificados por Guatemala.

Violencia sexual e impunidad en Sololá: herencia de los conflictosEn su estudio, MOLOJ, DEMI y ONU MUJERES describen la práctica común, durante la colonización y en etapas posteriores a ella, de entregar niñas y adolescentes a hombres mayores con recursos económicos y/o poder político para la reproducción y crianza de hijos. Hoy en día se sigue legitimando esta costumbre cuando, tras una violación, las familias acceden a ser compensadas económicamente o mediante la unión con la víctima y el reconocimiento de los hijos fruto de la agresión.

Los y las expertos y expertas de COISOLA señalan que este enfoque de herencia colonial también ha permeado el sistema de justicia, y denuncian que muchos jueces no consideran el cargo de violación cuando la denuncia se produce meses o años mas tarde de haberse cometido el delito, aunque la víctima sea una niña, y estiman que los conflictos se reducen únicamente a la falta de pensiones alimenticias o al no reconocimiento de los hijos. Estos y estas profesionales remarcan que no se acepta que la mayoría de estas prácticas son delitos producto de las violencias que las mujeres indígenas vienen sufriendo por siglos.

La situación es difícil para las mujeres de Sololá, pero ellas mismas son las primeras en trabajar por cambiarla. Organizaciones como COISOLA llevan años brindando asesoramiento y atención integral y especializada a las víctimas. Esta asociación opta por un abordaje interdisciplinario en cada caso, y está apoyando la formación de redes de promotoras locales, formadas específicamente para acompañar y apoyar a la mujer víctima de violencia a través de un tejido de grupos de auto ayuda. Es un servicio cercano, pertinente culturalmente y gratuito.

Asimismo se han abierto espacios para el diálogo y debate público: caminatas contra la violencia, concursos de pintura o arte sobre el tema de los derechos de la mujer, programas de radio…. desde todos ellos se busca una reflexión comunitaria sobre cómo construir una cultura de paz, y a la vez se rinde un homenaje a todas aquellas mujeres que, a pesar de haber sido o ser víctimas de violencia, siguen sembrado esperanzas.

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