viernes, 15 de junio de 2012

El reto de la participación femenina

Reportaje | COISOLA


Por primera vez en la historia de Guatemala las mujeres son mayoría en el padrón electoral, pero esta nueva realidad  no ha conseguido modificar la escasa representación femenina en el Congreso y las alcaldías del país. Desde el año 2007, el número de mujeres empadronadas ha aumentado  4 puntos porcentuales, ilustrando la voluntad mayoritaria de las guatemaltecas de participar en los procesos electorales. El Tribunal Supremo Electoral indica, sin embargo, que, desde esa misma fecha, el índice de presencia femenina en cargos políticos se ha estancado. Solo un 5,2 por ciento de los 491 puestos que se eligieron el pasado 11 de septiembre, durante la primera ronda de las actuales elecciones generales,  estarán ocupados por mujeres.  Ellas son una isla en un universo masculino,  19 diputadas en el total de 158 escaños del Congreso, y 7 alcaldesas entre las 333 alcaldías del país.


El reto de la participación femeninaEsta falta de participación política femenina se da en todos los niveles. Además de los órganos habituales de representación, Guatemala cuenta, desde el año 2002, con un Sistema Nacional de Consejos de Desarrollo. Un mecanismo creado para favorecer la participación directa de las comunidades en asuntos públicos a través de una estructura ascendente de asambleas (comunitarias- municipales-departamentales). Pero las mujeres son también una minoría en estos espacios de decisión. En el departamento indígena de Sololá, donde, según el Plan de Desarrollo Municipal 2011-2018, la población es mayoritariamente femenina y joven, solo un 31 por ciento de las personas integrantes del Consejo Municipal de Desarrollo (COMUDE) son mujeres. Una brecha “muy grande” con respecto a la participación de los hombres, según el mismo informe.

Los estereotipos y la discriminación étnica y de género han sido siempre obstáculos para la participación política de la mujer en Sololá. En las conclusiones recogidas en un foro de encuentro entre candidatos a diputados y aspirantes a puestos municipales y ciudadanas de la región, celebrado el pasado mes de agosto, se destaca que las mujeres son utilizadas únicamente para ganar votos durante la campaña electoral, y que las que logran participar son limitadas a ocupar puestos muy bajos.

El reto de la participación femeninaDominga Vázquez, representante de la Defensoría de la Mujer Indígena (DEMI) en Sololá, coincide con esta afirmación y explica que el problema de la participación femenina reside en que, en la mayoría de las ocasiones, solo se quiere cumplir con ciertas cuotas y las mujeres son siempre relegadas a puestos auxiliares, sin poder real de incidencia o decisión.

Julia Esther Pop es una de las pocas excepciones, ella es la presidenta del Consejo Comunitario de Desarrollo (COCODE) del pueblo de San Pedro la Laguna, y sabe bien que entre las principales dificultades que deben enfrentar las sololatecas para participar activamente en la vida de sus comunidades está el analfabetismo, la poca voluntad de los compañeros del hogar, que no permiten que ellas ejerzan cargos dentro del COCODE y, sobre todo, la falta de respeto hacia las mujeres. “Por ser mujeres y por ser jóvenes”, puntualiza Pop.

Elena Yojcom, la primera mujer que ocupa el puesto de gobernadora en Sololá, afirma que se debe luchar contra la tradición de que los hombres dominen  la mayor cantidad de espacios. “Se nos debe dar más oportunidades puesto está demostrado que somos capaces de generar ideas y hacer propuestas que ayuden a progresar a las comunidades”, declaró recientemente la gobernadora a los medios de comunicación.

Una idea con la que coincide plenamente Elisa Escobar, quien, desde el Colectivo de Investigaciones Sociales y Laborales (COISOLA), coordina la labor de un grupo de mujeres que acompañan a otras sololatecas víctimas de violencia de género. Escobar señala que las mujeres son “actoras principales de desarrollo” y que como tales deben ser tomadas en cuenta. La experta índica que son ellas las que, especialmente, tienen la capacidad de identificar necesidades y elaborar propuestas y demandas, no solo de las mujeres sino de la sociedad en general.

El reto de la participación femeninaEsa es una de las principales actividades que dinamiza Magdalena Tuch, presidenta de la Comisión de la Mujer del pueblo de San Pedro. Generar espacios de intercambio de opiniones, de experiencias, e impulsar la elaboración e implementación de políticas públicas necesarias para la comunidad. Labor en la que también participa Rosa Tay, integrante del COMUDE de la misma localidad, y quien, desde ese espacio, lucha por destacar la importancia de la participación femenina y anima continuamente a sus vecinas.

Magdalena Cholotio, representante de la organización maya Ixoqi, recomienda a sus compañeras que rompan con el esquema paternalista, que se formen y  que participen en procesos de organización a largo plazo, no solo en proyectos puntuales. Es un camino difícil pero ya hay muchas mujeres y organizaciones que han asumido el reto. Colectivos como COISOLA, la Fundación Guillermo Toriello o MOLOJ están contribuyendo a fortalecer las capacidades de grupos de mujeres en temas tan importantes como la seguridad o el acceso a la justicia, y están facilitando conversatorios entre las ciudadanas y el ente público para identificar las necesidades que las mujeres tienen desde lo local, y para que su presencia y fortaleza sea cada vez mayor en todos los espacios de decisión comunitario.

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